Contra Israel, Boric blanqueó su apoyo a los genocidas de Palestina y pone en peligro las relaciones diplomáticas

Como si fuera un árbitro que solo ve las faltas de un equipo, el presidente Gabriel Boric volvió a meterse en el avispero del conflicto en Gaza, exigiendo a Israel que detenga lo que calificó como un “genocidio”.
El mandatario, siempre dispuesto a alzar la voz en temas internacionales que le dan likes en redes, compartió en sus plataformas una carta enviada por Mahmoud Abbas, presidente de la Autoridad Palestina.
Les quiero compartir la carta que me envió el Presidente de la Autoridad Palestina Mahmoud Abbas, solicitando apoyo de la comunidad internacional para lograr un alto al fuego, el ingreso de ayuda humanitaria y detener la masacre contra el pueblo palestino.
— Gabriel Boric Font (@GabrielBoric) July 23, 2025
Exigimos que el… pic.twitter.com/r7lrF09jzb
En ella, Abbas pide apoyo global para un alto al fuego, el ingreso de ayuda humanitaria y el fin de lo que describe como una “masacre” contra los palestinos.
Boric, fiel a su estilo de indignación selectiva, escribió que Israel debe parar esta “barbarie” que, según él, mata de hambre a niños y asesina a civiles en filas de ayuda o en templos.
“Se trata de respetar los derechos humanos y el derecho internacional. La historia juzgará a los que permitieron esto. Chile está con Palestina”, sentenció en un post que ya suma cientos de corazoncitos, pero aún más comentarios en contra de su postura.
Pero, ¿y el otro lado de la cancha? Ni una palabra sobre las acciones de grupos como Hamás, que también han sembrado muerte y terror. La guerra no es un partido de buenos contra malos, aunque Boric parezca empeñado en pintarlo así.
El lunes, en la cumbre Democracia Siempre, el presidente ya había sacado el tema, diciendo que no podía quedarse callado ante “el asesinato diario” en Gaza.
“Nos desgarra la muerte”, afirmó, como si el dolor fuera exclusivo de un bando. Su postura, aunque emotiva, deja un sabor a simplismo. Condenar la crueldad de Israel sin mencionar la violencia de otros actores en el conflicto huele a cálculo político más que a análisis profundo.